amenizamos fiestas
Las Parrandas brotan como los poemas: Por despecho, por dolor, como homenaje o bien sencillamente como un festejo.
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1- Primero hay que distinguir entre la celebración de una parranda en la urbe de Bogotá y una parranda en la vieja provincia de Padilla o bien el M. grande. En estos lugares, la parranda es una prolongación de la idiosincrasia local, una ocasión para echar la casa por la ventana materialmente, como solemos hacerlo con el corazón. Se requiere un patio, una finca, la terraza de una casa, o bien un rincón pueblerina en la que se cocinen serenatas, cuitas de amor, versos o bien nuevas canciones.

2- Hay parrandas de casa grande, que son las que prepara un personaje para un amigo que llega o bien que quiere agasajar, y hay parrandas de muchachos que nacen sin víspera a la merced de sus bolsillos raídos y de la gallina o bien el chivo que salga de la finca del papá de alguno. Hay parranda vallenata en todos y cada uno de ellos de los matices, de todos y cada uno de ellos de los colores.

3- Las parrandas son fáciles como nosotros y, no obstante, en ellas se manifiesta con todo desprendimiento el carácter de cada casa y se prodiga lo mejor de la hospitalidad provinciana. En ellas hay música más asimismo brota lo mejor de la condición humana al compás de la caja y la guacharaca, mientras que el ánima de los comensales se inunda de alcohol.

4- Las parrandas son madres de grandes sucesos siguientes: En ellas se forjó la identidad vallenata frente al país, cuando el gobernante López Michelsen, enamorado del Cesar, llenó a Valledupar de cachacos ilustres que sucumbieron al contagio de las súplicas de Alejo Durán o bien de la poesía picaresca de Escalona. En las parrandas se goza, se llora y se forjan las más profundas amistades.

5- La parranda implica hermandad y juramentos alicorados que sobreviven la ocasión y se tornan en profundas coaliciones de bohemia y compadrazgos que ungen vínculos que se heredarán por generaciones.

6- Desde mi visión vallenata de las parrandas, puedo comentar que se hacen con esfuerzo, que no pueden faltar los mejores amigos ni los mejores acordeones, no puede fallar una 'vearseada' entre eruditos y también iniciados donde asimismo haya cabida para espontáneos.

7- En las pausas de la música, no pueden faltar los 'cuentos' que son anécdotas que se burlan muy frecuentemente de los asistentes o bien de personajes anónimos. ¿Qué sería de una parranda sin las ocurrencias fabulosas de Poncho Zuleta, Wicho Sánchez o bien el Mono Gil? Y en cambio, cuánta falta nos hace ese músico sin par que fue Nando Marín en el instante de los 'cuentos' mientras que reposan el acordeón y las guitarras.

8- Las parrandas se hacen con la ilusión de iniciar y no finalizar y serían imposibles sin el efecto reparador de un sancocho de chivo cuando despunta el nuevo día.

9- En una parranda, cualquiera por ignorancia puede transgredir una norma, más no faltará quien de manera inmediata, tras un disimulado toquecito de hombros, le llame la atención.

10- Asimismo puedo indicar lo que sobra: sobran los lambones, la amplificación para la música, la pompa y el boato, esto es, "el protocolo y la prosopopeya", como afirmaba mi tía Consuelo. En cambio, cabe y hace una parte de la ortodoxia, la irrupción fantástica de una ranchera o bien un bolero. Nuestros guitarristas de música vallenata son maestros del bolero y la ranchera. El que no lo crea fue por el hecho de que no conoció a Moncaleano, o bien jamás ha estado parrandeando con Hugues Martínez, G. Gutiérrez o bien Chabuco. Sí señores, de esta forma de polivalente. Y entonces, allá sí cantamos todos y cada uno, mujeres y hombres, y lloramos, nos abrazamos, y volvemos a recobrar la fuerza y disipamos las nostalgias cuando vuelve el acordeón.

11- Quien quiera tener contacto con la verdad cultural vallenata, debe acudir a una parranda. Más parranda vallenata de veras. Puesto que no todo acordeonero que ejecuta sus notas en la mitad de un conjunto de borrachos, hace una parte de una parranda.

12- Sabrá de este modo todo buen parrandero vallenato que no puede, al sentarse darle la espalda a absolutamente nadie; que en una parranda no se baila si bien los coqueteos de una mujer y el contagio de la música lo hagan fenecer de ganas; que al llegar el amigo se le recibe con un fuerte abrazo; que es un grave delito charlar mientras que el acordeonero ejecuta sus notas, y de esta forma consecutivamente hasta conformar, sin que se haya escrito nunca una palabra en este sentido, un recio código reglamentario del acto.

13- Las parrandas en la urbe de Bogotá son diferentes. Son fiestas con acordeoneros y música vallenata como telón de fondo. La versión bogotana de la parranda fractura la esencia de éstas que es la igualdad y la ausencia de diferencias sociales. He estado en ciertas parrandas verdaderas en Bogotá: en la casa de J. M. López Caballero, Ivonne Nicholls y M. C. Mejía. Ha habido otras recordables en la urbe de Bogotá en la casa de los muchos provincianos que vivimos en nuestra querida capital. El día de hoy la parranda es una corporación que hace una parte de nuestro legado de amor a los cachacos.

14- Hasta la parranda van llegando los compadres, verdaderos o bien no. No se requiere una convocación especial, basta saber dónde se ha formado y aparecer allá. Por cuenta del anfitrión corren el licor y el alimento.

15- Se bebe en forma desbordante y es un ritual, pues se respeta un orden para repartir el licor, orden que jamás cambia: el primer sorbo es para el acordeonero, el segundo se le sirve al cajero y el tercero al guacharaquero, después la botella va de mano en mano y de boca en boca entre los asistentes, en rondas consecutivas.

16- A quien quiera saber más de de qué manera se hace una parranda, le aconsejo que vaya al próximo Festival de la Historia de leyenda Vallenata, en Valledupar. Entonces la urbe entera se torna en una gran celebración y se abren las puertas de las casas para percibir a los juglares y visitantes, para disfrutar de la bonhomía y la hospitalidad de nuestra tierra. Las parrandas de este festival serán muy especiales: se celebrará el sueño de La Cacica por haber logrado llevar el certamen de acordeones al Parque de la Historia legendaria en las riberas del Guatapurí, se festejará un tiempo de nueva prosperidad que comienza y se podrá percibir en el nuevo escenario del Festival a lo mejor de nuestra música, comenzando por C. Vives.

17- Mas entre tanto, en las casas, en los patios y en los kioscos, tendrán sitio las parrandas tradicionales. Sonaran los acordeoneros de siempre y en todo momento con el temple de su raigambre campesina, templarán las cajas, rasgarán las guacharacas y harán gemir los fuelles de sus acordeones en la medida en que todos y cada uno lloraremos a Colacho y festejaremos que Escalona vive.

18- Lo más destacado es que en la parranda las anécdotas van siendo recogidas por los acordeoneros, trasladadas a los cantos y difundidas en otras localidades, con lo que el humor, la música y la costumbre de describir acontecimientos se enriquecen.

Parrandas Vallenatas en Bogotá con Altura

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